Un neurocientífico destacado dice que procesar información digital puede recablear nuestros circuitos. Pero, ¿esto es evolución?
Por Jeneen Interlandi NEWSWEEK
Publicado el 14 de Oct., 2008.
¿La tecnología está cambiando nuestros cerebros? Un nuevo estudio del neurocientífico Gary Small de la UCLA se suma a un creciente cuerpo de investigaciones que nos dicen esto. De acuerdo al nuevo libro de Small, “iBRAIN: Cómo sobrevivir a la alteración tecnológica de la mente moderna”. Un cambio drástico del modo en que reunimos información y nos comunicarnos ha provocado una era de rápida evolución que puede definitivamente cambiar el cerebro humano de la manera en que lo conocemos. “Tal vez desde que el hombre primitivo descubrió por primera vez como usar una herramienta no se ha visto afectado el cerebro humano tan rápida y drásticamente”, escribe. “Mientras el cerebro evoluciona y cambia su enfoque hacia nuevas habilidades tecnológicas, se aleja de la habilidades sociales fundamentales.”
El impacto de la tecnología en nuestros circuitos no debería sorprendernos. La plasticidad del cerebro (su habilidad para cambiar en respuesta a diferentes estímulos) es bien conocida. Los músicos profesionales tienen más materia gris en las regiones responsables de planear el movimiento de los dedos. Y los cerebros de los atletas son más voluminosos en las áreas que controlan la coordinación de manos y ojos. Esto se debe a que cuanto mayor es el tiempo que le dedicamos a una actividad específica, más fuertes serán los senderos neurológicos que ejecutan dicha actividad. Así que tiene sentido el hecho de que las personas que procesan un flujo constante de información digital tendrían más neuronas dedicadas a filtrar esa información. De todos modos, esto no es lo mismo que la evolución.
Para ver como la Internet podría “volver a cablearnos”, Small y sus colegas monitorearon los cerebros de 24 adultos mientras realizaban una simulada búsqueda por la Web, y mientras leían la página de un texto. Durante la búsqueda por la Web, aquellos que informaron usar la Internet regularmente en su vida cotidiana mostraron el doble de señalización en las regiones del cerebro responsables de la toma de decisiones y el razonamiento complejo, comparado con aquellos que tenían una exposición limitada a la Internet. Los descubrimientos, que serán publicados en el American Journal of Geriatric Psychiatry, sugieren que el uso de la Internet mejora la capacidad del cerebro de ser estimulado, y que la lectura en la Internet activa mayor cantidad de regiones cerebrales que la de los textos impresos. La investigación se suma a estudios previos que han mostrado que los que tienen sentido común tecnológico entre nosotros poseen una memoria de trabajo mayor (lo que quiere decir que pueden almacenar y recuperar más bits de información a corto plazo), son más adeptos al aprendizaje perceptivo (ajustar su percepción del mundo en respuesta a la información cambiante), y tienen mejores habilidades motoras. Small dice que esas diferencias serán cada vez más profundas a través de las generaciones, porque los jóvenes están expuestos a más tecnología desde una edad más temprana que la gente mayor. Se refiere a esto como la mutación del cerebro. Por un lado, los que llama los nativos digitales (aquellos que nunca conocieron un mundo sin correo electrónico y mensajes de texto) que usan sus habilidades cognitivas superiores para tomar decisiones instantáneas y manejan fuentes de ingreso sensoriales múltiples. Por otro lado, los inmigrantes digitales (aquellos que presenciaron el advenimiento de la tecnología moderna mucho tiempo después de que su cerebro fuera cableado) que son mejores para interpretar las expresiones faciales que para navegar en el ciberespacio.“El cerebro del inmigrante típico fue entrenado con maneras completamente diferentes de socializar y de aprender, haciendo las cosas paso a paso y abordando una tarea a la vez,” nos dice. “Los inmigrantes aprenden más metódicamente y tienden a ejecutar las tareas con mayor precisión.”
Pero aún está por verse si la selección natural favorecerá a un grupo de habilidades por sobre las otras. Para los principiantes, no hay razón para creer que los dos comportamientos son de mutua exclusividad. De hecho, un estudio Kaiser del 2005 descubrió que los jóvenes que pasaban la mayor parte del tiempo involucrados con alta tecnología también pasaban gran parte del tiempo interactuando cara a cara con sus amigos y familia. Y como el mismo Small señala, los nativos digitales y los inmigrantes digitales pueden dirigir sus propios circuitos neurológicos (conservar los beneficios cognitivos de la tecnología moderna y preservar a la vez sus habilidades sociales) sólo con hacerse tiempo para ambas.
Mientras tanto, la tecnología moderna, y las habilidades que promueve, están evolucionando aún más rápidamente que nosotros mismos. No hay quien nos diga si las repeticiones futuras de los juegos de computación, las comunidades en línea y otros tantos, necesitarán más o menos, de las habilidades sociales tradicionales y las estrategias de aprendizaje que hemos pasado millones de años cultivando. “Demasiadas personas escriben acerca de esto, como si los niños estuvieran en un país y los adultos en otro,” dice James Gee, profesor de lingüística en la Universidad de Wisconsin-Madison. Cómo será el cerebro en el futuro, nadie lo sabe aún.
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